Reza un popular refrán que nadie escarmienta por cabeza ajena; muy aplicado este en la vida cotidiana, sobre todo, si de hacer caso omiso a consejos y advertencias se trata.
Pero cuando el asunto concierne a nuestra salud, la de familiares y amigos, no puede convertirse en regla este tipo de proverbios emanados de experiencias que se traduzcan en un desenlace infeliz.
Por estos días, en la Mayor de las Antillas se respira un ambiente de trabajo colectivo y hasta de movilización para ponerle coto al mosquito Aedes Aegypti, causante de arbovirosis como zika, dengue, chikungunya y fiebre amarilla.
Conocido es por todos los cubanos que durante años la Isla ha sido foco de no pocas campañas intensivas para su eliminación, debido a la persistencia de ese insecto en el panorama nacional, como quien intenta formar parte de la cotidianidad de una nación, que se resiste día a día a sus efectos.
Extremar las medidas de control en los meses de septiembre a noviembre en todo el país, constituye hoy prioridad, incluso en tiempos de tensiones ante la situación energética actual que no ha mellado la voluntad de un pueblo.
Y es que los recursos de la campaña antivectorial están asegurados precisamente por la importancia que concede el Estado cubano a la salud de su gente.
Con la participación de las instituciones de salud pública, empresas, organismos locales, organizaciones políticas y de masas, se desarrolla un intensivo del tratamiento focal, adulticida y pesquisas, realizados por los operarios de control de vectores.
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