Desde el nacimiento hasta los tres años: ¿qué tienen los bebés en la cabeza?



Acompañar a los hijos en su desarrollo es un camino maravilloso y lo mejor es potenciar y valorar sus enormes avances diarios. Desde mirarlos y dialogar hasta ser afectuosos y estimularlos son claves en su crecimiento.

La impotencia total del recién nacido, su fragilidad, le otorgan una posición privilegiada que obliga a su entorno a transformarse para llevar adelante lo que el bebé no puede hacer por sí mismo y le es indispensable para no morir, en principio, y para desarrollarse, después.

La psicología y el psicoanálisis han investigado de diversas formas y con diferentes métodos la subjetividad infantil. Es decir, han intentado comprender cómo piensan los niños y niñas desde bebés.

Se logró representar y conceptualizar la larga transformación del estado de desamparo inicial del cachorro humano en sujeto hablante y de qué forma va logrando autonomía, independencia y diferenciación. Esta estructuración del psiquismo es posible por la conjugación de sus capacidades nacientes y el funcionamiento de su entorno humano.

La madre (es decir el primer “Otro” del cuidado) se transforma de sujeto en objeto. Renuncia a su autonomía para convertirse en aquello que el bebé necesita. El infante se vuelve, como expresó Sigmund Freud, en “his majesty the baby” (Su majestad, el bebé). Todo alrededor se preparará para contener la inermidad y acompañar paso a paso su crecimiento.

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