La mayoría de los tumores benignos no requieren intervención, excepto si la persona lo prefiere por razones estéticas. De todos modos, es conveniente consultar al dermatólogo para recibir un diagnóstico adecuado.
Los tumores benignos en la piel son un grupo de afecciones que pueden tener diversos orígenes. A menudo, su clasificación está basada de acuerdo a la zona donde se presentan, su tamaño, color, distribución y síntomas. De todos modos, no causan mayor problema, más allá de la alteración estética.
Según un artículo publicado en Journal of Cutaneous and Aesthetic Surgery, estas alteraciones ocurren cuando hay una proliferación de uno o varios componentes de la piel. Y aunque no suelen ser graves, es necesario consultar con el dermatólogo para evaluarlas. ¿Quieres saber más al respecto? ¡Sigue leyendo!
¿Por qué ocurren los tumores benignos?
Como todas las neoplasias, un tumor benigno es una masa de células anormales. No obstante, lo que los diferencia de los tumores malignos es que no tienen movilidad hacia los tejidos aledaños ni diseminación a otras partes del organismo.
Este tipo de lesiones tumorales se encuentran rodeadas por una cápsula protectora que facilita su extracción. A su vez, los análisis de sangre, el estudio por imágenes (como una radiografía) o una biopsia pueden esclarecer si el tumor es maligno o benigno.
Tipos de tumores benignos
La mayoría de las personas experimentarán una amplia variedad de crecimientos y cambios cutáneos a lo largo de su vida. Es el médico, con su formación y experiencia adecuada, quien podrá clasificar la mayoría de estas lesiones mediante un examen clínico.
Adenoma
El adenoma es una neoplasia epitelial benigna que surge de las glándulas sebáceas o sudoríparas. Los ejemplos representativos incluyen los siguientes:
- Adenoma sebáceo.
- Adenoma apocrino tubular.
- Hidradenoma.
Fibroma
El dermatofibroma, también conocido como «histiocitoma fibroso», es una de las lesiones cutáneas de tejidos blandos más comunes. De hecho, representa aproximadamente el 3% de las muestras recibidas por los laboratorios de dermatopatología.
Si están presentes las características clínicas y patológicas clásicas, el diagnóstico suele ser sencillo. Es más frecuente en adultos de mediana edad y tiene un ligero predominio femenino. A menudo, se localizan en las extremidades y se presentan como nódulos cutáneos pequeños, elevados, hiperqueratósicos, con una superficie de color marrón rojizo.
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