Cuál es la importancia de la genética en la pérdida del olfato tras la infección con COVID-19



Expertos estadounidenses descubrieron un factor genético relacionado con la falta de olfato y de sabor en pacientes infectados por el SARS-CoV-2.

Estos síntomas fueron incluidos en la definición de caso con el transcurso del tiempo y ante el aumento del número de casos con anosmia (pérdida de olfato súbita), muchas veces asociada a la pérdida o alteración del sabor y que aún hoy ocupa un lugar significativo y representativo en la COVID-19.

Cómo se producen estas alteraciones

La hipótesis para la aparición de la anosmia es el daño en el receptor de la principal célula olfatoria o primera neurona que forma parte del epitelio olfatorio. Esto también ocurre en otras virosis causadas, por ejemplo, por el virus de la gripe o el rinovirus, responsable del resfrío y que causa las anosmias posvirales ya conocidas.

La otra hipótesis es que, frente a la llegada del coronavirus a la célula de sostén que tiene mucha cantidad de receptores ACE 2 (inhibidor de la enzima convertidora de la renina angiotensina aldosterona, importante para garantizar el ingreso del virus y actuar como verdaderos anfitriones para este), se activan sensores en la célula que desencadenan la replicación viral.

Es importante recordar que estas células de sostén o sustentaculares están asociadas funcional y metabólicamente a las neuronas o células olfatorias.

Posteriormente, se activa el interferón y se desencadena la conocida tormenta de citocinas que, a su vez, inicia un proceso inflamatorio importante que llega incluso a las células principales.

Cualquiera sea la hipótesis válida, lo cierto es que ambos mecanismos impiden la entrada de los olores y, por ese motivo, la pérdida del olfato es súbita.

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