Ahora que el sarampión y el ébola acaparan los encabezados, es fácil olvidar el pánico sanitario de 2016, cuando el zika fue vinculado con varios defectos de nacimiento en miles de recién nacidos brasileños, cuyas madres fueron infectadas durante el embarazo, lo cual provocó temor en ese país y gran parte del continente americano.
Mientras los funcionarios de salud se esforzaban para detener su propagación, el virus recorrió Latinoamérica y el Caribe en la primavera y el verano de ese año, hasta finalmente llegar a Estados Unidos, donde hizo enfermar a decenas de habitantes en Florida y Texas y provocó que un sinfín de viajeros cancelaran vacaciones en los trópicos.
Entonces, al parecer de la noche a la mañana, la epidemia se evaporó y la atención pública pasó a otras cosas.