Enrojecimiento, ardor, picazón o sensación de tirantez en el rostro: aunque estos síntomas suelen relacionarse con la rosácea, no siempre responden al mismo problema. Un estudio de la George Washington University School of Medicine and Health Sciences encontró que el síndrome de piel sensible tiene características biológicas propias, lo que podría modificar la forma en que estas afecciones se diagnostican y tratan.
Similitudes clínicas y diferencias en el diagnóstico
La rosácea y el síndrome de piel sensible comparten muchas manifestaciones visibles. Ambas pueden provocar enrojecimiento facial, escozor, ardor, picazón o molestias ante determinados productos y cambios ambientales.
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