Alrededor del mundo, millones de personas inician el día con una taza de café, un ritual que trasciende el simple consumo de una bebida. El aroma, el sabor y el acto repetido cada mañana forman parte de una experiencia que muchos asocian con el aumento de energía y concentración.
Sin embargo, investigaciones recientes señalan que estos efectos no dependen únicamente de la cafeína, sino también de factores psicológicos y de las expectativas vinculadas al hábito. Incluso el café descafeinado, con una cantidad nula de cafeína, puede generar sensaciones de alerta y bienestar comparables a las de su versión tradicional, gracias a lo que se conoce como efecto placebo.
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