Fin de año, soledad y redes sociales: el costo psíquico de querer mostrar la felicidad perfecta



Diciembre comprime el tiempo. En pocas semanas aparecen el balance, el cierre, la foto final. Y, casi sin darnos cuenta, una exigencia moderna: no alcanza con terminar el año; hay que mostrar y demostrar, que se terminó bien. El problema no es celebrar sino la idea, de que la celebración debe verse impecable, y que la emoción correcta es la felicidad pero en una forma idealizada, completa, sin manchas, sin grietas. Una felicidad que sirva para ser exhibida, quizás vivida, pero en segundo plano de importancia.

No es culpa de las redes sociales, no inventaron esa presión, pero sí son el gran amplificador. En Argentina, hacia fines de 2025 se estimaban 32,9 millones de identidades de usuarios de redes sociales (71,7% de la población).

Esa vidriera permanente convierte lo íntimo en ranking: quién viajó, quién brindó en lugares glamorosos, quién “cerró ciclos”, quién mostró una familia perfecta. La sensación de “todos están bien…pero yo no” se instala en los observadores: una consulta habitual.

Leer noticias en Infobae