El uso de inteligencia artificial por parte de médicas y médicos en formación es una realidad ineludible, pero fomentar su aplicación cotidiana en el entorno académico antes de que adquieran conocimientos básicos clínicos y de informática puede ser “contraproducente” y volver al futuro profesional en un “esclavo” antes que un usuario crítico de estas herramientas, incapaz de detectar falacias y alucinaciones, alertaron panelistas en una sesión del XXIV Congreso Argentino de Educación Médica (CAEM2024), que tuvo lugar en esta ciudad del 25 al 27 de septiembre.[1]
Cuando el estudiante no tiene un mínimo conocimiento técnico de clínica y de la “idiosincrasia” de estos generadores de texto, se va a quedar con la primera respuesta que obtenga en lugar de contrainterrogar a la herramienta, aseguró el Dr. Mariano Breglia, médico e ingeniero en sistemas de información, profesor adjunto de informática médica en la Facultad de Ciencias Médicas de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), en Buenos Aires, además de docente en las universidades del Instituto Tecnológico Buenos Aires (ITBA) y de Palermo, ambas en la misma ciudad.
“Si el estudiante pregunta algo y se lo responden, ya está, ¿para qué va a seguir interrogando a la herramienta? Este ejercicio lo hace alguien con un poco más de experiencia, que por ahí quiere saber cómo llegó a esa conclusión, si le sirve para su caso [clínico] de estudio o no… Un estudiante que recién comienza difícilmente lo haga porque inconscientemente no está buscando eso, sino la satisfacción instantánea de obtener un resultado para aprobar un tópico y avanzar”, expresó el Dr. Breglia.
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