La temporada de polen y los efectos del viento impactan en el sistema inmune. Una lista de recomendaciones para aliviar los síntomas.
Con la llegada de los días más lindos y más largos con más horas de sol, las actividades al aire libre, son las protagonistas. Caminar, correr, andar en bicicleta o disfrutar un picnic en una plaza (reforzando nuestros vínculos sociales) cobran protagonismo.
Sin embargo en esta época, la presencia del viento que transporta los pólenes de los árboles (plátanos, fresnos, ligustros, sauces) que polinizan en esta fecha, puede convertirse en un verdadero enemigo para las personas alérgicas.
Los pólenes son muy livianos y en los días ventosos pueden desplazarse hasta varios metros de distancia. Asimismo, ante la presencia de ráfagas intensas, los frutos de los árboles caen al piso y explotan por choque osmótico, liberando sustancias bioactivas, azúcares, lípidos y hormonas.
En los alérgicos, estas sustancias invaden el sistema inmunológico desencadenando crisis de alergia y los síntomas cuando no son controlados comprometen la calidad de vida.
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