Partimos de la idea de que el estrés es algo constante en nuestras vidas y del que muchas veces no podemos desprendernos. Puede ser algo puntual, o bien algo crónico en nuestra vida. De cualquiera de sus formas, en mayor o en menor medida, nos pasa factura a nuestra salud, incluida por supuesto su afectación al cerebro, y su aceleración de nuestro envejecimiento.
Con el estrés, según explica en una entrevista con Infosalus el catedrático de Procesos fisiológicos y patológicos del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa y profesor titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Carlos Dotti, se producen una serie de cambios a nivel bioquímico en nuestro cuerpo que nos permiten mejorar ante situaciones de amenaza o de riesgo. “Es un sistema de defensa”, asegura.
Esos cambios que experimenta nuestro cuerpo, además, tanto a nivel físico como emocional, se originan en el cerebro, según cuenta en ‘La Ciencia del buen envejecer. Cómo afecta el paso del tiempo a nuestras capacidades mentales y cómo prevenir sus efectos’ (Schackleton Books), un manual que ha escrito junto con el novelista Pablo Gonz.
UN PELIGRO PARA NUESTRO CEREBRO
Entonces, ¿por qué el estrés es peligroso para nuestro cerebro? Dotti nos asegura que va a haber varias formas de afectación, y para ello debemos distinguir el estrés agudo del crónico. Advierte de que para el envejecimiento al que más tenemos que temer es al estrés crónico, aunque mantiene que el estrés agudo, puntual, tiene también un efecto acumulativo.
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