Los patrones de sueño erráticos en el curso de los años o incluso décadas, aunados a la edad de un paciente y sus antecedentes de depresión, pueden ser precursores de un deterioro cognitivo a una edad más avanzada, según un análisis de décadas de datos de un gran estudio sobre el sueño.[1]
“Lo que nos sorprendió un poco en este modelo fue que la duración del sueño, ya sea corta, larga o media, no era significativa, pero la variabilidad del sueño —el cambio en el sueño a través de esas mediciones cronológicas— tenía un impacto significativo en la incidencia del deterioro cognitivo”, informó Samantha Keil, becaria posdoctoral de la University of Washington, en Seattle, Estados Unidos, en el Congreso Anual de las Associated Professional Sleep Societies (SLEEP) de 2022.
Los investigadores analizaron los datos sobre sueño y cognición obtenidos durante décadas en 1.104 adultos que participaron en el Estudio Longitudinal de Seattle. Los participantes en el estudio tenían edades de 55 a más de 100 años y casi 80% de la cohorte del estudio tenía 65 años o más.
En ese estudio se comenzó a recopilar datos en la década de 1950. Los participantes en la cohorte del mismo se sometieron a una extensa batería de tests cognitivos, cuyos resultados se añadieron al estudio en 1984 y se recopilaron cada 5 a 7 años. Asimismo, completaron un cuestionario conductual de salud (HBQ), que se añadió en 1993 y se administró cada 3 a 5 años, explicó Keil. El cuestionario conductual de salud incluía una pregunta sobre la duración media del sueño nocturno.
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