El té verde (Camellia sinensis) es rico en compuestos vegetales secundarios. Las catequinas son de especial importancia, de las cuales galato de epigalocatequina, galato de epicatequina, epigalocatequina y epicatequina se encuentran en las hojas de té verde. Mientras que el contenido de catequinas es mayor en las variedades japonesas de té verde, el té negro contiene una cantidad significativamente menor de estas sustancias, ya que la fermentación las destruye en gran medida.
Se dice que galato de epicatequina y galato de epigalocatequina, en particular, tienen un efecto de prolongación de la vida; hasta ahora, se suponía que en el cuerpo, como antioxidantes, contrarrestan o previenen el estrés oxidativo causado por los agresivos radicales de oxígeno. Sin embargo, las catequinas del té verde no suprimen el estrés oxidativo, sino que lo promueven, según un equipo de investigación suizo.
Protección contra el cáncer: posible, pero aún no está claramente probado
El efecto del té verde sobre el riesgo de cáncer ha sido objeto de numerosos estudios. En 2020, la Cochrane Collaboration examinó 142 estudios con más de 1,1 millones de participantes para ver qué pruebas había de los estudios epidemiológicos sobre la relación entre el consumo de té verde y el riesgo de desarrollar cáncer.
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