La edad de la inocencia: ¿por qué creemos que no hay errores que se cometen sin querer?



Cuando le damos jerarquía a un argumento por quién lo dice, nos cuesta creer que la persona pueda errar sin segundas intenciones y buscamos una causalidad. ¿Por qué?

“¿Sabes qué es lo más curioso en la vida? Que alguien pueda ser profesor de una cosa y ser tan intensamente estúpido en todas las demás”. La frase pertenece a la novela de Zadie Smith Sobre la belleza. Lo que en el libro se califica como curioso, en la vida real puede llegar a parecernos absurdo al punto de negarlo por completo. En especial si le damos entidad a un relato por quién lo cuenta.

Ejemplos mediáticos sobran: no faltaron especialistas por fuera de la infectología que esbozaron hipótesis, muchas veces erradas, sobre la evolución de la pandemia de Covid-19. Pero esto no solo sucede con médicos, sino también con intelectuales, escritores, actores o mismo investigadores que opinan como ciudadanos comunes sobre temas que no dominan y se pueden equivocar.

Sin embargo, cuesta en el imaginario popular justificar un error con la inocencia, sobre todo si la figura es de autoridad. Más bien solemos atribuir a los equívocos intencionalidad y causalidad. “Responde a intereses”; “ya todo sabemos quién le paga”; “es obvio que es su color político el que habla” son algunas de las hipótesis que se escuchan frente a un equívoco de alguien que reconocemos extremadamente bueno en un oficio. Pensamos que “la edad de la inocencia” quedó atrás para la persona, pero no siempre ese atributo tiene que ver con los años. Por otra parte, nuestra especie per se necesita darle un sentido a todo. ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar el error involuntario?

Para poder acceder a los textos completos en IntraMed los invitamos a registrarse en el sitio, es un procedimiento sencillo y gratuito para los miembros de la red de Infomed

Registrarse en el sitio: https://www.intramed.net/log.asp?retorno=/home.asp

Leer noticias en IntraMed