Los síntomas de COVID-19 a veces pueden persistir durante meses. El virus puede dañar los pulmones, el corazón y el cerebro, lo que aumenta el riesgo de problemas de salud a largo plazo.
La mayor parte de la gente que tiene la enfermedad del coronavirus 2019 (COVID-19) se recupera completamente en unas semanas. Pero algunos aun aquellos que han tenido versiones leves de la enfermedad continúan presentando síntomas después de su recuperación inicial.
Los adultos mayores y las personas con muchas afecciones graves son los que más probablemente presenten síntomas persistentes de la COVID-19. Los signos y síntomas más comunes que persisten con el tiempo incluyen:
- Fatiga
- Tos
- Falta de aire al respirar
- Dolor de cabeza
- Dolor en las articulaciones
Aunque la COVID-19 se considere una enfermedad que primariamente afecta los pulmones, también puede dañar muchos otros órganos. Este daño a los órganos puede aumentar el riesgo de problemas de salud a largo plazo.
Los órganos que pueden estar afectados por la COVID-19 incluyen:
- El corazón. Las pruebas por imágenes tomadas meses después de la recuperación de la COVID-19 han mostrado daño duradero al músculo cardíaco, aun en el caso de las personas que presentaron solamente síntomas leves de la COVID-19 . Esto puede aumentar el riesgo de insuficiencia cardíaca u otras complicaciones cardíacas en el futuro.
- Los pulmones. El tipo de neumonía que con frecuencia se asocia con la COVID-19 puede causar daño duradero a los diminutos sacos de aire (alvéolos) de los pulmones. El tejido cicatricial resultante puede llevar a problemas respiratorios a largo plazo.
- El cerebro. Aun en la gente joven, la COVID-19 puede causar accidentes cardiovasculares, convulsiones, y el síndrome de Guillain-Barré una afección que causa parálisis temporaria. La COVID-19 también puede aumentar el riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson y la de Alzheimer.
La COVID-19 puede hacer más posible que las células sanguíneas se aglomeren y formen coágulos. Mientras que los coágulos grandes pueden causar ataques al corazón y accidentes cardiovasculares, se piensa que mucho del daño al corazón causado por la COVID-19 viene de coágulos muy pequeños que bloquean los diminutos vasos sanguíneos (capilares) en el músculo del corazón.
Otros órganos afectados por los coágulos sanguíneos incluyen los pulmones, las piernas, el hígado y los riñones. La COVID-19 también puede debilitar los vasos sanguíneos, lo que contribuye a problemas posiblemente duraderos con el hígado y los riñones.
Las personas con síntomas graves de la COVID-19 con frecuencia necesitan tratamiento en la unidad de cuidado intensivo de un hospital, con asistencia mecánica, como la de un respirador, para respirar. Simplemente sobrevivir esta experiencia puede hacer que, más tarde, una persona tenga más posibilidades de desarrollar síndrome de estrés postraumático, depresión, y ansiedad.
Como es difícil predecir resultados a largo plazo respecto al nuevo virus que causa la COVID-19, los científicos están observando los efectos que se han visto con el tiempo con virus relacionados, como el síndrome respiratorio agudo grave (SARS).
Muchas personas que se han recuperado del SARS han desarrollado el síndrome de fatiga crónica, un trastorno complejo caracterizado por fatiga extrema que empeora con la actividad física o mental pero no mejora con el descanso. Lo mismo puede darse entre las personas que han tenido la COVID-19.
Todavía no se sabe mucho sobre cómo la COVID-19 va a afectar a la gente con el tiempo. Pero los investigadores recomiendan que los médicos vigilen de cerca a las personas que han tenido la COVID-19 para ver cómo están funcionando sus órganos después de su recuperación.
Es importante recordar que la mayoría de la gente que tiene la COVID-19 se recupera rápidamente. Pero los posibles problemas duraderos de la COVID-19 hacen que sea aún más importante reducir la trasmisión de la enfermedad tomando precauciones como ponerse mascarillas, evitar las multitudes, y tener las manos limpias.
Leer noticias en Mayo Clinic
