Sexhonestidad



Se sabe que el alcohol, como droga al fin y al cabo, suele transformar a algunas personas, y no son pocos los que, cuando están bajo sus efectos, parecen sujetos diferentes a aquéllos que siempre hemos conocido, (¡o que creíamos que conocíamos!). Hay quien, incluso, afirma, con toda certeza, que ése que eres cuando estás borracho, es tu verdadero yo.

Sin embargo, conozco un caso sui géneris. Es alguien a quien también le da por hacer cosas distintas a las que normalmente realiza, pero no precisamente cuando bebe, sino… cuando hace el amor.

A Rodrigo, que es su nombre, le da por decir la verdad a toda costa. Es un arranque de sinceridad que no puede evitar. No se trata de que “vomite” todos sus secretos cuando está realizando el acto mismo; sino que sus confesiones llegan inmediatamente después de terminar. Es como una franqueza post sexo que lo invade sin remedio. Nada, que, en buena técnica, Rodrigo tiene dos eyaculaciones seguidas: la que naturalmente expulsa su semen, y la que, con la misma fuerza, echa afuera sus verdades.

Por suerte para Rodrigo, ese estado de máxima honestidad solo dura unos pocos minutos. Sin embargo, se imaginarán que ese corto lapso ha resultado suficiente para traerle serios contratiempos.

Por ejemplo, no son pocos los casos en los que, pasado el clímax, le ha dicho a su compañera sexual que es demasiado gorga, o extremadamente flaca, o muy fea, o con olor desagradable, o que su sexo ha sido casi obligado, o cualquier otra cuestión que, normalmente, uno se callaría, o, cuando menos, buscaría otro momento para decirlo.

Así mismo, fue uno de esos sincerísimos arranques, el que provocó su divorcio, pues, luego de terminar un placentero coito con su amada esposa, le contó, sin reparos y con la mayor elocuencia, todas sus hazañas sexuales extramatrimoniales. ¡Como lo imaginarán, un suicidio en toda la extensión de la palabra!

Leer noticias en Radio Guamá