Vivir sin gluten
La enfermedad celíaca requiere, principalmente, disponer de alimentos que no pongan en riesgo la salud de las personas, lo cual no resulta fácil en Cuba, donde aunque existe el interés y una estrategia nacional, no descuella una producción de gran alcance y son muy pocos los importados que pueden ser considerados una alternativa.
Difícil imaginar para un cubano una dieta en la que no existan, además de frutas y vegetales, algunas viandas y granos, pan, galleta y pizza, entre otros productos tan comunes en nuestra alimentación. Si se trata de un niño, se piensa en ese estado de ansiedad que puede generarle asistir a una fiesta de cumpleaños, por ejemplo, y no disfrutar del cake, los dulces y otros productos similares.
Convivir con la enfermedad celíaca requiere fuerza de voluntad del paciente, sus familiares y personas que le rodean en su entorno cotidiano. Sin embargo, lo esencial es disponer de los alimentos recomendados para una dieta que no ponga en riesgo su salud, lo cual no resulta fácil en Cuba, en que hay más de 900 personas con este padecimiento y donde, aunque existe el interés y una estrategia nacional para proveerles productos elaborados con los ingredientes saludables para su condición, no descuella una producción de gran alcance y son muy pocos los importados que pueden ser considerados una alternativa.
¿Cuáles son las expectativas de los celíacos en Cuba? ¿Cómo pueden mantener su calidad de vida? ¿Tiene el país proyectos en desarrollo para satisfacer las demandas de estas personas? Con esas interrogantes recorrimos panaderías-dulcerías para pacientes celíacos (La Habana, Villa Clara, Santiago de Cuba, y una casi al abrirse en Holguín) y llegamos, además, al Ministerio de la Industria Alimentaria el cual junto al de Salud Pública y de Comercio Interior lideran este programa estatal.
Jesús Gómez, director general de Política Industrial del Ministerio de la Industria Alimentaria, explica que luego de la identificación de la población celíaca, de conjunto con los ministerios mencionados y tomando en cuenta las necesidades propias de quienes padecen la enfermedad, se estableció crear centros territoriales de producción en los que no puede utilizarse otra materia prima que no sea aquella saludable para su condición.
«Los centros abastecen a todas las provincias y facilitan la entrega, semanalmente, de una gama de productos como pan, panqué, magdalena, cake, pastas y otras golosinas elaborados a base de MIX una harina importada libre de gluten, que le cuesta al país cerca de 3 600 dólares la tonelada. Lamentablemente aún es repetitiva la alimentación, pero pensamos diversificar la oferta», asegura.
Leer noticias en Juventud Rebelde
