Más de un tercio de los adultos en Estados Unidos duerme ocasional o regularmente en otra habitación para adaptarse a las necesidades de su pareja. Esa cifra, relevada por la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño (AASM), sugiere que el llamado divorcio del sueño el acuerdo de descansar en camas o habitaciones separadas es más frecuente de lo que suele admitirse.
La pregunta que persiste es si ese arreglo ayuda o complica la convivencia, y qué dice la evidencia disponible sobre la relación entre la calidad del sueño y la dinámica de pareja.
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