Cada vez son más las personas diagnosticadas con virus de inmunodeficiencia humana que alcanzan una edad avanzada, lo que plantea nuevos retos para los profesionales clínicos, que deben abordar los efectos a largo plazo de la infección y del tratamiento antirretroviral, junto con multimorbilidad, deterioro funcional y retos sociales asociados al envejecimiento. Un nuevo informe de la Lancet HIV Commission aboga por un enfoque más amplio de la atención a personas con la enfermedad que incluya prevención, tratamiento, comorbilidades, envejecimiento saludable y planificación del final de la vida.
Se estima que para 2025, 11,5 millones de personas de 50 años o mayores tendrán infección por el virus de inmunodeficiencia humana, lo que representará 29 % de la población mundial con la infección. Si las tendencias actuales continúan se prevé que esa cifra alcance los 20,2 millones en 2040, cuando dicho grupo etario podría representar más de la mitad de la población mundial con la enfermedad y que casi todas las personas mayores de este grupo (96 %) residan en países de ingresos bajos y medios.
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