La música suena, el cuerpo responde y, para muchas personas con enfermedad de Parkinson, lo que antes era temblor o vacilación se transforma en movimiento. En Brasil y Argentina, el samba, el forró y el tango con sus giros cortos, cambios de dirección y transferencias de peso entre las piernas ingresan a las salas de rehabilitación como herramientas terapéuticas.
Una de estas experiencias tiene raíces en Argentina. “Nos sorprendió ver a una paciente con enfermedad de Parkinson avanzada bailando tango en una milonga, con un control postural y un equilibrio inesperadamente preservados”, describe la neuróloga Dra. Tomoko Arakaki, de la Sección de Trastornos del Movimiento del Centro Universitario de Neurología de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
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