El ADN ya permite anticipar el riesgo cardiovascular más allá de los factores tradicionales



Una nueva investigación, destacada por el cardiólogo estadounidense Eric Topol, revela que la enfermedad coronaria no depende solo del estilo de vida, sino de una compleja arquitectura genética que ya permite anticipar riesgos y orientar tratamientos.

Durante décadas, la enfermedad coronaria se explicó a partir de una ecuación aparentemente simple: colesterol alto, hipertensión, tabaquismo y sedentarismo.

Esa mirada permitió avances decisivos en prevención y tratamiento, pero dejó una pregunta abierta, por qué personas con hábitos similares desarrollan cuadros muy distintos.

La ciencia comienza a responder esto con claridad: el corazón también sigue instrucciones escritas en el ADN.

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