La relación entre el cerebro y el intestino ha sido objeto de intensa investigación en los últimos años, subrayando su impacto en la salud mental y emocional de las personas. Un reciente estudio realizado por Universidad de California en Los Ángeles destaca que las bacterias saludables en el intestino podrían ser clave para enfrentar el estrés y que la resiliencia está moldeada por la actividad intestinal.
El estudio de UCLA Health revela que los participantes con alta resiliencia presentaban menor inflamación y una barrera intestinal más fuerte en comparación con aquellos menos resilientes. “Una barrera intestinal fuerte es vital tanto para la absorción de nutrientes como para bloquear toxinas”, explicó a The Telegraph Megan Rossi, científica de salud intestinal, dietista e investigadora del King’s College de Londres.
La conexión entre el intestino y el cerebro se realiza a través del nervio vago, el más largo del cuerpo. Rossi explicó que “el nervio vago es un componente clave del eje intestino-cerebro, y lo que ocurre en el cerebro puede influir en el intestino y viceversa”. La interrupción de este eje ha sido asociado con trastornos como el estrés, la depresión y la ansiedad, así como con el Síndrome del Intestino Irritable.
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