Los niños con trastornos del espectro autista (TEA) a menudo muestran estilos de aprendizaje atípicos, sin embargo, se sabe poco sobre la plasticidad cerebral relacionada con el aprendizaje y su relación con las características fenotípicas clínicas. También es común que demuestren dificultades para identificar señales emocionales.
Ahora, un equipo de trabajo de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, EEUU, ha detectado que esa condición por la que les resulta, en ocasiones, complejo comprender la emocionalidad en las voces de otras personas, se debe a las diferencias en las conexiones y la función de un centro social clave en el cerebro.
Los hallazgos, publicados en Biological Psychiatry: Cognitive Neuroscience and Neuroimaging, ofrecen una explicación del origen neurológico de un desafío social clave en el autismo. También brindan pistas sobre el tipo de terapia que podría ayudar a esa situación.
“Los niños típicamente aprenden a asignar ciertos sonidos en las voces de las personas a emociones particulares. Si mamá o papá no están contentos, un niño pequeño lo sabrá antes de entender todas las palabras” indicó el coautor principal del estudio, Daniel Abrams, profesor clínico asociado de psiquiatría y ciencias del comportamiento en Stanford Medicine.
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